Inicio

elpuentenewspaper

  • Edición impresa de Mayo 16, 2017.

Educación inclusiva: estudiar sin limitaciones

“Una semana en silla de ruedas” alcanzó más de un millón de visualizaciones. Es uno de los vídeos de la youtuber de 19 años Esther Cañas, publicado en su canal Atrapaunsueño. Nada insólito en el mundo virtual de estos portavoces de las generaciones más jóvenes.

Pero lo más interesante de esta forma de entretenimiento y de información es que los jóvenes eligen el contenido: donde antes eran atrapados por la caja tonta, ahora ven productos online bajo demanda con lo que disponemos de pistas valiosas sobre sus intereses. Iñaki Ortega, director de Deusto Business School, lleva tiempo indagando sobre el perfil de estos jóvenes que nacieron con Internet en sus bolsillos y a los que se los bautizó como la Generación Z. “Son nativos digitales y nativos en nuevos valores”, asegura. Y si los Y comenzaron a trabajar con la diversidad (personas con discapacidad, mujeres y LGBT), los Z lo llevarán al siguiente nivel, porque “la tecnología les ha hecho más tolerantes”.

“Pensemos que, desde que tienen uso de razón, han visto a un presidente negro, algo que para nosotros representa un logro. O que tienen compañeros en clase con dos padres o dos madres, por eso no entienden debates como el del matrimonio homosexual”, continúa Ortega. La diversidad, la inclusión o la igualdad de oportunidades son valores que estos jóvenes ya llevan incorporados.

Sin embargo, los expertos coinciden en que no hay un interés político real por darle un reconocimiento a la inclusión. Escuelas y familias se topan con un problema primario: la falta de recursos adecuados, como el hecho de que a veces haya un solo orientador para todo un colegio; la no formación del profesorado; la inaccesibilidad de los contenidos, de las instalaciones o de las prácticas; exámenes no adaptados; etc.

La mayor barrera, la del prejuicio. “En el imaginario colectivo, las personas con discapacidad llegan a ser operarios, profesiones poco cualificadas. No los vemos curando en un hospital ni enseñando en universidades”, añade Isabel Martínez, comisionada para Universidad, Juventud y Planes Especiales de la Fundación ONCE.

“Independientemente del derecho, tenemos que hacer el camino para que esa parte impuesta trascienda y sea abrazada por lo social. ¿De qué sirve que una escuela sea perfecta en términos de inclusión si luego no encuentro trabajo, ni amigos, ni tengo ocio?”, reflexiona Ana Berástegui, directora de la Cátedra de Familia y Discapacidad de la Universidad Pontificia. “No vale que la escuela sea el único espacio social que tenga que incluir. Tiene que proyectarlo fuera”.

En España, solo el 17,9% de personas con discapacidad en edad activa tiene estudios superiores, lo que explica que su tasa de empleo roce el 25%.

Aunque queda mucho trabajo, la perspectiva arroja un poco de luz: en 2007, la Universidad contaba con unas 7,000 personas con discapacidad; ahora, hay más de 20,000.

Entender que el talento está en todos los ambientes de la sociedad es clave para lograr una sociedad verdaderamente inclusiva. Y el pasaporte para llegar a ese escenario es la educación.

 

 


 

I Inicio I Locales I Internacionales I Nacionales I Columnas I Entretenimiento I Deportes I Clasificados I Publicidad I Escríbanos I Conózcanos I English Section I Advertise I Contact us I Archivo I Enlaces I

 

El Puente, LLC. ©

Locales
Internacionales
Nacionales
Columnas
Entretenimiento
Deportes
Clasificados
Conózcanos
Escríbanos
Publicidad
English Section
Advertise
Contact us
Archivo
Enlaces
Inicio Locales Internacionales Nacionales Columnas Entretenimiento Deportes Clasificados Conózcanos Escríbanos Publicidad English Section Advertise Contact us Archivo Enlaces