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  • Edición impresa de Noviembre 6, 2018.

Por seguridad, la nueva migración cruza fronteras en grandes caravanas

Hace dos semanas, en Tapachula, ciudad del sur mexicano, pasó la noche una caravana de miles de migrantes centroamericanos. Días después, arribó un nuevo grupo conformado por cientos de personas, extendiéndose por la plaza central y las banquetas contiguas. Hacia el jueves pasado, iban en camino dos caravanas más.

El hecho de que la primera de ellas pudiera avanzar de Honduras a Guatemala y luego a México está inspirando a otros migrantes a viajar en grupos más grandes, modificando la lógica de la migración centroamericana rumbo a Estados Unidos: en vez de intentar pasar desapercibidos, algunos migrantes están cambiando la invisibilidad por la seguridad grupal.

“Todos quieren formar otra caravana”, dijo Tony David Gálvez, de 22 años, un trabajador agrícola hondureño, integrante de la segunda caravana que llegó a Tapachula.

Pero básicamente, sin que los migrantes lo sepan, en Estados Unidos su llamativo enfoque nuevo ha estado intensificando el acalorado ambiente antiinmigratorio y puesto trabas en su camino.

Al acercarse las elecciones legislativas, el presidente Donald Trump está intentando incitar a los electores republicanos concentrándose en la inmigración. Trump ha descrito a la primera caravana como una horda invasora. Está mandando soldados a la frontera con México y considerando una medida ejecutiva para cerrar la frontera a los migrantes, incluyendo los que piden asilo.

Los migrantes que viajan en estas caravanas son conscientes deque Trump se opone a su ingreso a Estados Unidos, habiendo tenido noticias sobre el despliegue militar en la frontera. Pero muchos se dicen motivados por la profunda fe de que el mandatario se conmoverá y les abrirá las puertas en cuanto lleguen a la frontera.

Las imágenes de esta migración masiva muestran el poder de viajar juntos. Las mujeres jóvenes se sienten seguras al llevar en la carretera a sus niños en carriolas donadas mientras que las familias se apiñan en las cajas de las camionetas que les ofrecen llevarlas. En los ríos, la gente forma cadenas humanas para vadearlos.

En grupo, el viaje sale más barato, dijo el sacerdote Mauro Verzeletti, quien dirige el albergue Casa del Migrante en la ciudad de Guatemala. Al viajar juntos, señaló, los migrantes se libran de la “estructura de polleros o narcotraficantes o crimen organizado” que por años ha controlado la ruta, cobrando miles de dólares.

Sin embargo, no existe evidencia de que las caravanas estén alentando a más gente a abandonar El Salvador, Guatemala y Honduras para ir a Estados Unidos, sostuvieron defensores de los migrantes.

Lo que el grupo grande hace es dar “visibilidad a un fenómeno que llevaba mucho tiempo y que nadie quería ver”, resaltó César Ríos, director del Instituto Migrante Salvadoreño, el cual trabaja en San Salvador con deportados.

En México, la primera caravana fue recibida con una lluvia de apoyo. Pero hasta los migrantes son conscientes de la posibilidad de que otras caravanas que sigan la ruta no encuentren la misma bienvenida.

 

 

 


 

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