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  • Edición impresa de Agosto 19, 2014

Cultura de la no-violencia para un mundo cada vez más violento

Que en el mundo sobra violencia es una evidencia incontestable. Venezuela, Palestina, terrorismo, el Mediterráneo como la frontera más letal del mundo para los migrantes y refugiados, el hambre, la trata de personas para la explotación laboral y sexual… Eso, por no hablar de las tensiones políticas, la violencia contra las mujeres, el paro y la precariedad. Así nos lo mostró Rajagopal P.V. de Ekta Parishad, la organización de los Sin Tierra de la India, cuando en 2014, durante el Congreso Rompiendo Cadenas, explicaba que “el hambre es violencia, la miseria es violencia, la economía es violencia”.

En aquel mayo de 2014, era candidata al Nobel de la Paz por su lucha no violenta frente a la miseria que padecen los empobrecidos de la India. Y lo fue porque durante casi 10 años organizó Janadesh, la campaña de lucha pacifista más importante desde Gandhi. Durante 30 días de 2007, 25,000 hombres y mujeres procedentes de los sectores más pobres de la India recorrieron a pie los 350 km que separan la ciudad de Gwalior de la sede del Parlamento, en Delhi. El objetivo: iniciar una huelga de hambre masiva para exigir una redistribución justa de las tierras. En consecuencia, el Gobierno tuvo que escuchar.

Los empobrecidos son el único colectivo de la sociedad que, por su propia naturaleza, desea que la situación cambie. Son las víctimas las que necesitan dejar de sufrir la opresión, y son ellas las que ponen en marcha mecanismos de promoción y de lucha que les permitan alcanzar el cambio que necesitan.

Janadesh, que significa ‘veredicto del pueblo’, fue una marcha fruto de muchos años de trabajo previo. Esta marcha pretendía una lucha social y política hacia el gobierno y sociedad indias, pero no era menor en el cultivo interior de la no-violencia. Como seguidores de Gandhi, saben que una lucha violenta es una lucha perdida porque el gobierno tiene todos los medios para reprimirlos; que “la violencia sólo engendra violencia” y que una lucha que debe servir a toda la Humanidad no puede nacer de oprimir violentamente al contrario.

En un mundo global, con violencia creciente, es preciso afirmar la cultura de la no-violencia y el diálogo cívico como base para un cambio social eficaz. Revueltas y revoluciones que han nacido de ayer para hoy no han construido un tejido social sólido que asiente los cambios que los que sufren el paro, el hambre o la esclavitud necesitan.

La guerra, el comercio de armas y la explotación de los recursos naturales están en el fondo de las migraciones forzadas de miles de personas, familias y pueblos.

Sigue siendo necesaria pues la lucha no violenta como respuesta. Por eso los empobrecidos de la India siguen en lucha y quieren marchar, esta vez desde Nueva Delhi hasta Ginebra.es el nombre de esta próxima marcha, que significa ‘victoria del mundo’, de todos, porque no es posible que el mundo se haga solidario y sea justo si es a costa del sufrimiento de los demás.

 


 

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