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  • Edición impresa de Octubre 2, 2017.

La Columna • Solidaridad y asistencia urgentes

Los terremotos que sacudieron a México y los huracanes que azotaron a Texas, Florida y a las islas del Caribe como Barbuda o las Islas Vírgenes, y que causaron una devastación sin precedentes, que borda en una crisis humanitaria en el caso de Puerto Rico, permitieron no sólo refrendar la fortaleza del espíritu humano, sino también la solidaridad espontánea, desinteresada y generosa de toda la población.

En México, los residentes de la capital se lanzaron en multitudes a las calles para sumarse a las tareas de rescate, no solamente para buscar familiares o amigos, sino para arriesgar su propia vida entre los escombros, a fin de tratar de encontrar y salvar a desconocidos. Lo mismo, pero en menor escala sucedió en Morelos, Puebla, Oaxaca y el estado de México. Son cadenas humanas de jóvenes transportando víveres, mujeres atendiendo a rescatistas. En una imagen imborrable, un joven en silla de ruedas se esmera por despejar la destrucción.

 Desde todo el mundo están llegando las expresiones de apoyo.  Más de 20 países, incluido Estados Unidos, aportaron equipos de rescate, binomios caninos, aparatos de detección térmica  y una invaluable experiencia técnica en desastres naturales. Sólo en este país se habilitaron más de 100 centros de acopio para enviar ayuda a un vecino, conmocionado, pero orgullosamente de pie ante la adversidad.

 Me cuido de no escribir en pasado porque, si bien el golpe inicial se ha empezado a disipar, la calamidad sigue viva de distintas maneras tanto en México y Puerto Rico, como en otros lugares.  Las tareas de rescate y de reconstrucción son monumentales y reclaman la participación de muchos. Desgraciadamente, el regreso de la normalidad en todos los países impactados por estos desastres naturales es un camino largo y escarpado.

 Tengo muchos amigos puertorriqueños y comparto con ellos la ansiedad de estar virtualmente incomunicados con la isla, afligidos en muchos casos porque no saben si sus padres, madres, hermanos o hijos sobrevivieron al percance, o si tienen pan en su mesa o medicamentos para sus afecciones. Por si fuera poco, una gran parte de los 3.4 millones de residentes de la isla sigue en penumbras y más de 70,000 personas están amenazadas por el desborde potencial de la presa Guajataca.

 El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, demanda naturalmente más ayuda del Gobierno federal, a fin de ayudar en las tareas de rescate, de abasto, de transportaciones, que se complican especialmente en las zonas más alejadas de la capital, San Juan.

Aunque ninguna tragedia debería politizarse, los demócratas critican al presidente Donald Trump por dedicarle más atención en las redes sociales a su polémica con la NFL que a Puerto Rico. Hillary Clinton pide el envío de la Marina y le recuerda al país que los puertorriqueños también son ciudadanos estadounidenses.

 Para más información visita www.laredhispana.org

 

 


 

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