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  • Edición impresa de Mayo 16, 2017.

Complicidad de abuelos y nietos

Los abuelos son esenciales en el cuidado y desarrollo de los nietos, pero los expertos advierten que no se les puede sobrecargar demasiado. Una forma de lograr ese equilibro es que ambos compartan una actividad. A través del deporte, la música, el arte o un juego, los ratos en compañía pueden servirles para conocerse mejor, aprender a comunicarse y pasárselo bien.

Muchos abuelos usan esta fórmula para ejercer como tales y sentirse realizados al mismo tiempo, centrándose en el disfrute que supone compartir una afición y propiciando así una valiosa complicidad. Dos generaciones que tienen mucho en común, pese a la evidente distancia que las separa. Ambos disponen de mayor libertad, tiempo y una actitud abierta, que facilitan un vínculo de gran empatía. Los abuelos enseñan algo de su mundo a los nietos, y los nietos abren a nuevas posibilidades y experiencias a los abuelos, llevándoles a su terreno.

Muchas veces fueron ‘canguros’ o niñeros, pero tener un hobby en común es otra cosa. Liberados ya de las obligaciones laborales, algunos abuelos aprovechan para transmitir a los más pequeños su pasión por un tema en concreto, algo que no pudieron hacer con sus hijos por falta de tiempo. Los mayores pueden hacer lo que más les gusta y los nietos se sienten estimulados a superarse. El intercambio resulta positivo para los dos. Los nietos pueden suponer una inyección de alegría y novedad para los abuelos, dando un nuevo sentido a su tiempo, con oportunidades para sentirse útiles tras haber cesado en otras responsabilidades y tareas. Esa conexión con actividades nuevas mejora la memoria y favorece la autoestima, y con ello la calidad de vida, lo que se considera un envejecimiento saludable.

Una situación común que, en algunas ocasiones, puede producir estrés y sobrecarga física y emocional en los mayores de la familia es lo que los expertos llaman “el síndrome del abuelo esclavo”. Para evitar llegar a ello, lo importante es respetar y escuchar la voz de los mayores. Son ellos quienes deben decidir cuándo quieren o pueden tener a los nietos, una labor que no debe ser impuesta. Para equilibrar esas funciones, una buena solución está en el aprendizaje intergeneracional, la creación de espacios conjuntos para ello.

Es preciso revalorizar la figura de los abuelos como influencia positiva y esencial en el desarrollo de los pequeños de la casa. Hemos pasado de considerar a los abuelos como personas longevas, que por su avanzada edad tenían mermadas sus funciones físicas y psíquicas, a verlos como personas activas, con mayor calidad de vida y que llegan a convivir durante muchos años con sus nietos. Está demostrado que los niños que pasan tiempo con sus abuelos consiguen mejores habilidades sociales y tienen menos problemas de comportamiento en la adolescencia.

Nuestros abuelos son primordiales también para transmitir determinados conocimientos. A través de sus relatos, los niños aprenden valores y la historia familiar que les da sentido de pertenencia, algo esencial para la identidad de la persona, el sentirse parte. Algo bueno para todos.

 

 


 

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